Creo que finalmente Daniel Monzón, un tío que apuntaba maneras, ha planteado y ha sabido sacar adelante una película muy, pero que muy grande. Ya apuntaba maneras en su anterior film, La Caja Kovak, aunque pasó como una película sin personalidad, fría e incluso estúpida.
Pues bien, nada de esto ocurre en Celda 211, dónde una premisa sacada un poco de la manga (explota algo, se cae un trozo de techo, golpea al nuevo y en vez de llevarlo a la enfermería lo dejan en una celda y patam, motín al canto y el pobre chico dentro); no empaña para nada el buen hacer de este film.
La gran cualidad de Celda 211 es su ritmo frenético que te sumerge en la historia y no te deja respirar hasta que se acaba. Y tampoco es que pase gran cosa, ya que es un motín que empieza y acaba. No hay más. No ...