Extrañas son las sensaciones que me invaden después de ver Robin Hood de Ridley Scott. El caso, pero, es que todo lo bueno que tiene la película, que es bastante, no tapa el hecho que realmente esta revisión del clásico, la génesis del Robin Hood que conocemos, no aporta absolutamente nada interesante al personaje. Que si la misma película se titulara Steve McFlugell (por decir algo) en vez de Robin Hood no la iríamos a ver, vamos.
Aclarado esto, Robin Hood es un derroche monumental de épica, al estilo de Gladiator (que inevitables son a veces las comparaciones…) pero sin el mismo trasfondo emocional. Cuenta la historia de cómo un forajido del ejército de Ricardo Corazón de León vuelve a su tierra guiado por la suerte y el destino, el dichoso destino excusa de todo, la historia mil veces oída del huérfano que descubre sus raíces, pone nombre a la sangre ...