En la Grecia clásica podía resultar muy gracioso que las mujeres usurparan un poder político que siempre detentaron los hombres; en Flandes en el siglo XVII tres cuartos de lo mismo e incluso en la Bélgica de 1935 este cambio de papeles no dejaba de ser una sugestiva bufonada. Sin embargo; en nuestro todavía pueril siglo XXI, en que nuestra compañeras de especie ostentan cargos públicos por doquier, no deja de tener un cierto aire de broma fuera de lugar y, sobre todo, de época. Y digo esto porque el argumento de la admiradísima -no sin razón- obra maestra de Jacques Freyder, está sacado -y creo no equivocarme- de las perversas comedias de Aristófanes, en concreto de tres: La asamblea de las mujeres, Las Tesmoforias, y, en mayor medida, de Lisístrata. Pero claro, el contexto sociocultural dista mucho de ser similar, si comparamos una democracia ateniense con una democracia actual, ...
Si la cosa funciona es la nueva perla del incansable Woody Allen, como siempre fiel a su cita anual con su público. Esta película supone dos cosas: la primera es la continuidad en su particular visión de las relaciones amorosas, y la segunda es que, para deleite de todos, vuelve a sus orígenes con una comedia de alta factura.
El maestro Allen ha vuelto a Manhattan, ha sacado el polvo de un guión de 1977, lo ha revisado y ha hecho una divertidísima e hilarante película sobre el amor; algo así como en Vicky Cristina Barcelona pero con su ingenioso y punzante sentido del humor.
En las historias varias que van surgiendo en Si la cosa funciona vale todo, por muy extremas e imposibles que parezcan las situaciones. Woody Allen saca su mejor repertorio de recursos para atrapar al espectador con sus delirios y sus retorcidas ideas, habla directamente con el público ...