La tercera entrega de los vampiros de pega no es otra cosa que la continuación del tedio que sólo funcionaba y despertaba cierto interés en la primera entrega, la única más o menos potable. En Eclipse la customización del mito vampírico para un público muy concreto se convierte en una sodomía absoluta, dañina e implacable de éste y con el añadido de que la historia de amor no avanza y por consiguiente no despierta ni el más mínimo interés.
Está claro que yo no formo parte del target específico de la película porque no me burbujean los fluidos cuando Edward y Bella se besan o cuando Jacob aparece sin camiseta, lo que sin duda es el atractivo principal y lo que vende en este panfleto del amor imposible. Porque es lo que hay, una piedra de río que no se mueve y se va erosionando cuando le pasa el agua por ...