Cachondeo padre, desmadre absoluto y una alegoría del croma; ésto es El Equipo A del cine, un vasto producto de entretenimiento sin límites ni reglas pero también sin aspiraciones de calidad y sin pretensiones más allá de llegar hasta lo más hondo de los bolsillos de los espectadores. Lo que vendría a ser el G.I. Joe’s de 2010, vaya.
Ponerse a analizar El Equipo A como si fuera una “película seria” sería un completo error porque lo único que podríamos hacer es rajarla de arriba abajo. El guión se aguanta con pinzas, los giros que pretenden sorprender son de risa e incluso en el aspecto visual deja mucho que desear, y aunque ciertamente resulta espectacular, los efectos digitales cantan de mala manera.
A pesar del despropósito cinematográfico, y aunque suene contradictorio, al final uno sale del cine con buen sabor de boca porque lo que transmite El Equipo A, por encima de ...